“El matrimonio: comunidad de vida y de
amor entre un hombre y una mujer”
Dentro del proyecto
diocesano de Pastoral Familiar, se ha programado celebrar en el año
2007, el “Año del Matrimonio”, con lo que pretendemos contrarrestar
toda la mentalidad que ve el matrimonio de una manera reduccionista
hasta el desprecio, por lo cual se daña no sólo el amor humano de un
hombre y una mujer, sino que además daña a la misma familia.
Sin descuidar
nuestro plan de trabajo ya establecido, invitamos a todos lo
departamentos y áreas del SEDIPAF, a los equipos parroquiales de
familia, a los movimientos laicales, a impulsar su apostolado en esta
perspectiva, incluyendo y promoviendo las propuestas para celebrar
este año.
Presentamos a
continuación, el objetivo, el lema, la justificación y un proyecto
pastoral para anunciar, celebrar y servir al Evangelio del Matrimonio.
OBJETIVO
Que el año 2007 se
consagre al tema del matrimonio, anunciándolo y celebrándolo, para que
se tome conciencia sobre su significado y valor como institución
natural y como sacramento, y se consoliden familias más sanas y
fuertes.
LEMA
El matrimonio:
comunidad de vida y de amor entre un hombre y una mujer.
JUSTIFICACIÓN
1.Si aceptamos
el matrimonio y la consiguiente familia como la forma ‘típica’ de
organizar la vida en común, la realidad actual no se conforma del todo
con ese ‘ideal’. Junto al matrimonio y a la familia ‘tradicionales’
existen otros modelos de convivencia que se alejan del esquema.
Proliferan nuevas formas, entre las cuales se pueden señalar las
siguientes: Personas que viven solas, parejas heterosexuales estables
(en esta forma de convivencia desaparecen las formalidades —e
implicaciones— legales), hogares atípicos (parejas que renuncian a
tener hijos, familias en las que está presente un solo progenitor),
formas de convivencia ‘afamiliares’ y/o ‘aconyugales’ (uniones
homosexuales, comunas o unión de grupos de parejas).
2.Estas
y otras formas de relación se presentan como contrarias y alternativas
a la institución matrimonial. De hecho son signo del mundo actual que
tiende a des-institucionalizar la organización familiar. No faltan
incluso teorizaciones que las justifican y las proponen como ‘formas
nuevas’ permisivas de vida en común.
3.
En nuestros tiempos, los matrimonios se han visto
afectados por diversas realidades, como son:
Una
mentalidad divorcista; por la cual la persona no opta por un
compromiso responsable para siempre; ‘todo’ es temporal, relativo y
ocasional, existe un aumento considerable de divorcios y
separaciones.
Expresiones de diversas patologías, donde la persona se encuentra
envuelta por afectaciones psicológicas que impiden una recta
donación y aceptación de sí y del otro, llevando a unas relaciones
conyugales e intrafamiliares de manifiesta destrucción de la unidad
familiar. Por esto, ha aumentado el número de declaraciones de
nulidad por incapacidad psicológica e inmadurez de las personas.
La emancipación de
condicionamientos económicos y biológicos, haciendo que la relación
quede en el terreno de lo estrictamente privado, con falta de
compromiso (Relaciones sexuales libres; hippies).
El amor 'sin
riesgos', gracias a los anticonceptivos, que hace de la relación
algo poco serio e irrelevante.
La unión a prueba,
equiparada vivencialmente al matrimonio, con la consiguiente 'cosificación'
de las personas.
Las ideas de
éxito, logro, prestigio y consumo, características de nuestra
civilización, van entrando con facilidad en el matrimonio y la
familia. Así, la sexualidad se convierte en mero sexo, mercancía,
artículo de consumo, explotación o hedonismo.
La tendencia es a
casarse poco y tarde, y a tener pocos hijos y tarde.
Una
equivocada concepción teórica y práctica de la independencia de los
cónyuges entre sí.
Desilusión a contraer matrimonio eclesiástico por antitestimonio
visto en papás y en la sociedad.
Gran porcentaje de esposos que llegan al matrimonio con inmadurez
espiritual, afectiva y humana indispensables para la recta
construcción de una familia.
Una
débil preparación remota y próxima al matrimonio, que ocasiona no
saber ser esposos y padres.
Un
modelo de hombre basado en el tener, el poder y el placer sobre el
ser.
Influencia de una visión de la familia formada por personas del
mismo sexo.
Visión del matrimonio como algo ‘desechable’, a conveniencia.
La
influencia negativa de los medios de comunicación.
Una
mentalidad anticoncepcionista que va orientando a una mentalidad
abortiva.
La
celebración del sacramento del matrimonio ha sido reducida a un mero
evento social.
4.
Particularmente hay que señalar la cuestión de uniones de género:
El
concepto de ‘género’ es la categoría central de la teoría feminista.
La noción de género surge, según esta teoría, a partir de la idea de
que lo femenino y lo masculino no son hechos naturales o biológicos,
sino un dato cultural. La existencia socio–histórica de los géneros es
el modo esencial en que la realidad social se organiza, se divide
simbólicamente y se vive empíricamente, convirtiendo esta diferencia
en desigualdad social y política. De aquí deriva lo que ellos llaman
la ‘inequidad de género’.
La
cuestión del ‘género’ se ha incorporado en las dos últimas décadas a
todas las ciencias sociales. Si el género es un mero dato cultural,
hombre y mujer tendrían las mismas funciones y roles ante la sociedad.
Esta postura connota, entre otras cosas, un feminismo de liberación,
donde las dos partes tienen la misma responsabilidad; para la
liberación sexual, se rechaza el camino de la búsqueda de la
diferencia sexual y se propone el camino de la igualdad, pero como
consecuencia se tendrían que aceptar también las uniones homosexuales
y bisexuales —como
se pretende que se haga—,
con el consiguiente desconocimiento y devaluación de la condición
natural del hombre y la mujer y los elementos naturales que
condicionan a la persona humana.
5. Antes
estas situaciones vemos como los matrimonios actuales viven una
cultura inmanentista y consumista que tiende a desestimar y a burlarse
de la fidelidad conyugal. Se manifiesta en el divorcio, la unión libre
y la infidelidad conyugal. Una forma muy común de infidelidad en
nuestra sociedad actual la constituyen no sólo las frecuentes
ocasiones de ‘adulterio esporádico’, sino las formas de ‘adulterio
permanente’ que llamamos los ‘segundos frentes’.
6.
Muchos cristianos empiezan a cuestionar seriamente el papel de la
Iglesia y el carácter sacramental del matrimonio como institución. El
secularismo actual de la sociedad cuestiona constantemente el vínculo
matrimonial y el pragmatismo, sobre todo de las parejas jóvenes, no
valora ni tiene en cuenta la dimensión permanente del vínculo
matrimonial.
7.
Los divorcios se han constituido en verdadera ‘plaga’ social. Las
estadísticas señalan un crecimiento continuo de los fracasos
matrimoniales. Algunos cónyuges separados experimentan fuertemente la
soledad y otras dificultades que causan dolor. Según el INEGI, se
registraron 49,271 divorcios en 1999.
8.
Algunos matrimonios no son un testimonio creíble de
fidelidad y amor y son causa, a veces, de inseguridad y desilusión
para que otras parejas de novios o esposos jóvenes se entusiasmen por
vivir el vínculo matrimonial.
9.
La Iglesia, en su acción pastoral, no ha prestado
todavía la suficiente atención y solicitud, con caridad y claridad, a
estos y otros casos difíciles de la situación familiar en nuestra
Patria.
ANUNCIAR, CELEBRAR Y SERVIR AL EVANGELIO DEL MATRIMONIO
Anunciar, celebrar y
servir el “Evangelio de la familia” significa ofrecer lo que el
Evangelio dice sobre el matrimonio y sobre la familia, para llegar a
vivir su identidad, su significado y su valor en el diseño salvífico
de Dios.